Desde que el mundo es mundo la
luna esperaba al sol y el sol esperaba a la bella luna.
El sol iluminaba el día con su
vestimenta de rayos y la luna con su luz plateada alegraba la oscuridad de la
noche.
Un día el sol miró a la luna
antes que ésta desapareciese en el amanecer y la vio tan bella con sus sombras
oscuras y su luz plateada, que se prendó de su belleza graciosa y lunar. Desde
ese día el sol la esperaba antes de que se fuera a dormir y la sonreía con
dulzura con sus rayos luminosos.
Un día la luna sintió un rayo de
sol en su cara y ese calor inesperado le transmitió tanta calidez y cariño que
se enamoró de ese amor solar. Desde ese día la luna y el sol se buscaban al
amanecer y al anochecer para mirarse con esa mirada que brilla con las
estrellas y se decían palabras de amor.
La luna lunera enamorada estaba y
el sol radiante le correspondía con sus rayos de luz sonriéndola cada amanecer
para enamorarla una y otra vez hasta la eternidad.
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