Cada Luna Gibosa Creciente, Macho
Alfa estaba inquieto y era incapaz de estar en reposo. El Plenilunio pronto
llegaría. Faltaba poco tiempo para encontrarse con su amada, Luna Llena.
Él era el jefe de la manada.
Conocía a cada uno de sus miembros. Los cuidaba y protegía.
Beta Loba entendía su
inquietud. Era imposible luchar contra un amor tan puro e intenso y tan antiguo
como el tiempo. Siempre fue así.
Beta Loba era su compañera. Él era
su amigo, su compañero y amante. Macho Alfa la amaba sin fisuras, pero su amor
por la luna era un amor que se conocía desde antes del nacimiento de los lobos.
Estaba escrito en las estrellas.
Luna Llena aparecía, radiante,
hermosa, coqueta y él iba a su encuentro. Aúllaba y aúllaba de felicidad. Se miraban a los
ojos, conversaban, reían y estában juntos hasta el alba.
Todo volvía a empezar cada luna
llena.
Así era su amor. Un amor que
traspasaba todos los Mundos y todos los Tiempos. Así era, es y será el amor de
Macho Alfa y Luna Llena. Un amor lunático, ancestral y eterno.





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